lunes, 19 de diciembre de 2016

Extraño.

Estoy en un momento de mi vida en que me he sentido mucho más solo que nunca. No tengo ramos con mis antiguos compañerxs de generación, y no conozco mucho a mis compas actuales, con los que ni siquiera seguiré compartiendo, debido a mi cambio de carrera. El fin de semestre nos tiene a todxs individuadxs, pero algunxs corremos peor suerte que otrxs. Me refiero a quienes no disponemos de un tacto suficiente para estudiar o compartir algo en estos días de mierda.

Aunque, la verdad, me he sentido solo todo este mes. Mis ex compañerxs de militancia me dejaron botado, ni se han interesado en saber de mí. Mis amigxs de la u solo piensan en sus pruebas. Y yo igual tengo que darle cara al cierre de semestre. De hecho, a esta hora debería estar leyendo para mi prueba recuperativa del miércoles, pero estoy acá escribiendo esta mierda mientras escucho a los Fiskales. Y escribo porque no he tenido el valor suficiente para contarle a las pocas y valiosas personas con las que he podido cruzar mas de una palabra. No se si sea por valor o por la confianza que tengo en esas personas para contarles este tipo de cosas. Pero sí debo decir que, prácticamente, se cuentan con los dedos de una mano.

Y estar solo, pese a que tiene sus beneficios, no es algo agradable, en especial sintiendo nostalgia por cosas que ya fueron y que quizá no vuelvan a ser. Haciéndola corta, extraño a mis compañerxs, extraño hacer cosas con ellxs, porque eran lxs unicxs con los que me juntaba a pensar la militancia mucho más allá de lo político, sino como un proyecto de vida en conjunto.

Extraño muchas cosas, pero lo que me duele de extrañar es que no sea algo recíproco. Y que nadie me haya podido ayudar a superar este momento difícil en que me veo enfrentado a mí mismo y a mis contradicciones.

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