jueves, 8 de diciembre de 2016

Vaya, tengo otro blog... y ahora si que voy a escribirlo!

Generalmente, no uso blogs. No tengo una constante necesidad de escribir algo largo ni tampoco dispongo del tiempo necesario para ello, pese a que distribuya mi tiempo entre la universidad, hacer tareas (o en su defecto estudiar) y jugar FIFA. Y, si es que, trabajar en el Tottus de Plaza Egaña echándole su mercadería a los clasemedias por unas monedas.

Pero escribo porque recuerdo que tengo uno y que he escrito puras tonteras que no han llegado a ser publicadas, por fortuna. Tonteras como contar cómo logré burlar a la burocracia de FACSO y llegar finalmente a la carrera de Trabajo Social, carrera a la que le tomé un especial aprecio durante estos últimos años; tonteras como expresar mi desazón y mi rabia luego de días difíciles, en los que, resumiendo el cuento, me he sentido más solo que la chucha. 

He tratado de conjugar estas emociones en nuevas formas de socializar. Me hice un Instagram, para tratar de canalizar mi maldito ego y dejar de vomitarlo o sudarlo cuando estoy con mis amigxs y cercanxs. No es sano echar a perder relaciones fuertes con gente que de verdad quieres sólo por querer llamar la atención, ser el centro de sus vidas o cualquier locura ególatra que se me dispare de la lengua y del corazón. Además empecé a conversar con más gente con la que antes no solía conversar, aunque no niego que es un ejercicio difícil. 

Sobre esto último vengo reflexionando mucho. Durante años me he caracterizado por ser mas cercano a personas con afinidades acotadas para conversar. Tengo un grupo con el que converso de fútbol y de experiencias más banales de la vida; tengo otro con el cual converso de muchas cosas, pero se ramifica en varios grupos con los cuales hablamos principalmente de política. Si, política. Insertarme al mundillo político universitario y social me ha abierto nuevas puertas, pero me ha hecho cerrar otras, debido a mi poca capacidad de socializar bien. Siento más comodidad al interactuar con grupos pequeños de gente. Y cuando estos grupos se agrandan, éstos se dividen en grupos más pequeños, en los cuales, a veces, termino desencajando debido a la poca afinidad que pueda haber en sus temas de conversación. Incluso eso me ha hecho cuestionarme el porqué pertenezco a esos grupos. Admito que soy muy amigo de lo homogéneo. La idea de diversidad, en todo sentido, es algo que aún, a mis veintidós años, me cuesta procesar como algo normal. De todos modos, respeto las distintas diversidades, en especial aquellas que entran en conflicto contra lo establecido y lo que domina otrxs. Pero convivir con la diversidad como algo que se vive día a día no me ha sido fácil. Y no es que no me guste, pero mi mentalidad está muy limitada a otras formas de entender la vida como para hacerme parte de ellas.

Al ser de ese modo, tan cuadrado y tan monótono, es que también se me viene a la mente la forma en que he tratado de constituir una identidad ante lxs demás. Y mi identidad, creo yo, la he construido más en base a mi forma de vestir que en base a otra cosa. Desde los 16 años que visto mayoritariamente de negro. Porque era la identidad de un típico rockero/metalero, género a través del cual traté de forjar algo de identidad, sin mucho éxito. Pese a terminar con ese delirio de fanboy metalero, seguí vistiendo de negro, variando a veces con camisas a cuadros, que serían mi identidad auxiliar y más cercana a lo que dentro de la izquierda se considera "una persona seria". Después de años, accedí a vestir otro color, el cual me gustaba desde chiquitito, que era el rojo. Rojo por la camiseta de la selección chilena que me regalaron cuando tenía 10 años en 2004, años en que la máxima figura de la selección eran el Choro Navia (JAJAJAJAJA) y el Matador. Rojo por el Power Ranger Rojo, el mas bacán de todos y el que más me gustaba; rojo por las distintas banderas rojas que se alzaban en las diversas marchas, tuvieran la sigla que tuvieran; rojo por ese color que me ha significado valor en todo momento. 

De ahí que me llamó la atención un día la bandera rojinegra, en sus versiones horizontal y diagonal, enamorándome más de ésta última y conociendo las ideas libertarias que se pliegan en aquella bandera que resistió hasta la muerte y tuvo gloria máxima en aquel verano de 1936 en Cataluña. Ideas por las cuales me he hecho parte de una vereda en la que aguantamos muchxs quienes damos cara a la injusticia y a la opresión. Y de la cual no me voy a bajar ni cagando! No voy a transar mis ideas y mis intenciones jamás, por nada ni por nadie en este mundo.

Podré ser identitario, podré ser cuadrado, podré ser poco sociable, pero aún tengo una llama que me mantiene vivo y que me llama a cambiar, a deshacerme de todo aquel defecto que condiciona mis relaciones con lxs demás. A matar, de a poco, ese "macho interno" que condiciona mi personalidad a cumplir con estándares masculinos con los que no estoy de acuerdo y con los que no quiero seguir perpetuando. No me interesa ser el hombre que la sociedad espera que sea. Sólo me interesa ser yo y que mi yo no siga invadiendo la vida de lxs demás. Voy a ser mejor cada vez, mejor que antes y con los brazos más abiertos para todxs ustedes.

Finalizo esto aclarando que esto no tiene un hilo tan lógico como espera cualquier lector de blogs, pues lo que quiero es hacer el ejercicio de escuchar a mi corazón, escribir, leer y compartir, Si gustas dejar un comentario, adelante, eres bienvenidx. 

Gracias totales.

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